El Arroyo Seco permanece sin el caudal de las lluvias, pero rodeado de aguas residuales, malos olores, escombros y drenajes obstruidos
Isaura López/ El Occidental
El Arroyo Seco está seco. Al menos de agua de lluvia. Pero basta acercarse unos metros para descubrir que el cauce dista mucho de estar limpio.
El olor a caño invade el ambiente desde antes de llegar al puente metálico colocado para que las personas crucen de un lado a otro. Debajo de esa estructura improvisada no corre un arroyo natural, sino pequeños escurrimientos de agua gris que avanzan lentamente entre piedras, basura y lodo.
A los costados del canal permanecen montones de escombros, maleza y residuos que contrastan con el nombre del lugar. En plena temporada de lluvias, el cauce luce prácticamente vacío, aunque la contaminación permanece.
Durante el recorrido de EL OCCIDENTAL fue posible observar a un vecino destapando manualmente una tubería para permitir el paso del agua acumulada.
Algunos de los tubos instalados para descargar el líquido hacia el canal permanecen parcialmente obstruidos, lo que dificulta el flujo y provoca encharcamientos con aguas de aspecto sucio y olores fétidos.
Las y los habitantes de la colonia Miramar afirman que esa escena es cotidiana. Señalan que, pese a las condiciones del lugar, no han visto recorridos de inspección por parte de las unidades de Protección Civil del Estado ni del municipio, ni tampoco acciones permanentes para retirar los residuos, limpiar el cauce o revisar el sistema de desagüe.
La preocupación no es menor. Arroyo Seco se ha convertido en uno de los puntos más conocidos del Área Metropolitana de Guadalajara (AMG) por los desbordamientos registrados durante distintos temporales, cuando las lluvias transforman el cauce en una corriente capaz de inundar viviendas, calles y poner en riesgo a la población.
En el 2021 varias familias de las colonias Lomas de la Primavera, Arenales Tapatíos, Colinas de la Primavera el Briseño, Jardines tapatíos y de Miramar se vieron afectados por el desbordamiento del Río en algunos casos ocasionó el derrumbe de casas o de paredes.
En Miramar una de las casas evidencia lo que hace cinco años ocasionó el Arroyo Seco y que las autoridades han omitido:
la limpieza preventiva, el desazolve de las tuberías, la revisión de la infraestructura hidráulica y la vigilancia permanente son acciones indispensables para reducir riesgos antes de que el agua vuelva a ocupar el lugar que permanece seco, pero no libre de problemas.
A cinco años de aquella urgencia municipal, la imagen es distinta. No hay corriente violenta ni lluvia intensa. Lo que permanece es un ambiente de contaminación: aguas residuales estancadas, malos olores, tuberías obstruidas y un cauce que refleja el abandono.
Arroyo Seco hoy no hace honor a su nombre. Está seco de lluvia, pero lleno de señales de abandono. El agua que corre no es la del temporal, sino la de los drenajes; el olor no anuncia una tormenta, sino contaminación. Y mientras el cauce espera las próximas lluvias, las y los vecinos también esperan la presencia de las autoridades, antes de que el siguiente desbordamiento vuelva a convertir este paisaje en una emergencia.