Vecino de Vallarta San Jorge recurre a sistemas de filtración domésticos para reducir sedimentos, malos olores y otras impurezas del agua que reciben en sus viviendas, en una semana el filtro queda cubierto de lodo.

Por Ricardo Gómez/cronicajalisco.com.mx

julio 16, 2026 at 7:43p.m. GMT-6

La crisis por la calidad del agua que llega a los hogares del Área Metropolitana de Guadalajara ha obligado a algunos ciudadanos a realizar inversiones importantes para tratar de hacer más segura y limpia el agua que reciben del Sistema Intermunicipal de los Servicios de Agua Potable y Alcantarillado (Siapa).

Es el caso de Eduardo Velázquez, vecino de la colonia Vallarta San Jorge, en Guadalajara, quien instaló un sistema de filtración compuesto por varias etapas para retener sedimentos, reducir olores y mejorar las condiciones del agua antes de utilizarla en su vivienda.

Cada semana, Eduardo retira el cartucho filtrante para lavarlo y volver a colocarlo. La diferencia entre un filtro nuevo y uno usado resulta evidente, recién desempacado es completamente blanco, sin embargo, en una semana termina cubierto por una gruesa capa de sedimentos de color café oscuro, al grado de asemejarse a un bloque de lodo.

El primer filtro del sistema es de poliuretano de cinco micras, diseñado para atrapar partículas sólidas de mayor tamaño. Según explicó, no se trata de los filtros convencionales que se comercializan para uso doméstico. Luego de tres o cuatro ciclos de limpieza y reutilización, debe reemplazarlo por uno nuevo debido a que las partículas quedan incrustadas en el material y ya no es posible retirarlas por completo.

“Los filtros que uso son especiales de poliuretano de cinco micras, no como otros más sencillos y económicos. Cada uno cuesta entre 252 y 255 pesos y solo retienen partículas grandes, no esterilizan ni purifican. Los cambio cada ocho días. Los saco, los lavo y los vuelvo a poner, pero solo aguantan tres o cuatro lavadas porque las partículas se quedan atrapadas en el interior”, añade.

Explica que este sistema únicamente retiene sedimentos visibles, por lo que considera indispensable limpiar periódicamente aljibes y tinacos para evitar la acumulación de residuos más finos.

Además del filtro de partículas, instaló un filtro de carbón activado para eliminar olores y sabores, cuyo costo ronda los mil 500 pesos y cuya vida útil varía entre seis meses y un año, dependiendo de las condiciones en que llegue el agua.

También cuenta con un sistema de sal para favorecer la cloración del agua y un filtro cilíndrico automatizado con retrolavado, cuyo precio oscila entre los cuatro mil y seis mil pesos.

“Es un dineral. El puro filtro cilíndrico anda alrededor de seis mil pesos y todavía hay que comprar la sal, darle mantenimiento y pagar la instalación”, reclama Eduardo Velázquez.

Asegura que, además de los sedimentos, ha detectado una disminución en la cloración del agua, situación que, afirma, favorece la aparición de lama en recipientes donde almacena el líquido.

“El agua está saliendo baja en cloración. Si dejo agua en una cubeta, en dos o tres días ya se enlama. Antes podía dejarla hasta ocho días y eso no pasaba”, detecta.

Considera que la inversión representa un gasto considerable para cualquier familia, pero asegura que, ante las condiciones actuales del suministro, es la única forma de tener agua con mejores condiciones para el consumo y las actividades diarias.