Escrito por:Mario Marlo/ zonadocs.mx

14 junio, 2026

Habitantes y colectivos de la Ribera celebran una cascarita de protesta en Ajijic para frenar nuevos acueductos y exigir agua para la vida, no para el negocio.

Por Mario Marlo / @Mariomarlo  Fotografías: IMDEC / @imdecac

Habitantes, colectivos y organizaciones de la Ribera de Chapalase concentraron este domingo en Ajijic para realizar la Cascarita Ribereña, una jornada de protesta y arte-acción convocada para defender el lago más grande de México y denunciar los riesgos que enfrenta por la sobreexplotación del agua y los proyectos de infraestructura impulsados rumbo a la Copa Mundial de Futbol 2026.

La movilización se realizó en el marco del Día Mundial del Medio Ambiente y a días de la inauguración del Mundial, torneo del que Guadalajara es sede. Los convocantes intervinieron los relojes mundialistas instalados en la zona —elementos de la parafernalia oficial que marcan la cuenta regresiva hacia el evento deportivo— y celebraron una cascarita por el lago en el Parque Ecológico La Crucita, donde el juego de futbol se convirtió en herramienta de protesta frente a las obras hidráulicas que amenazan la cuenca.

La consigna central de la jornada fue Lago de Chapala libre de acueductos y agua para la vida, no para el negocio. Con ella, los participantes señalaron el núcleo del conflicto: un modelo de gestión hídrica que prioriza el abasto a la mancha urbana y a la infraestructura asociada al Mundial por encima del derecho humano al agua y de la conservación del ecosistema lacustre.

El reclamo de la Ribera no es nuevo ni aislado. El Lago de Chapala abastece buena parte del agua que consume la Zona Metropolitana de Guadalajara (ZMG), donde viven alrededor de seis millones de personas. Esa extracción se sostiene sobre un sistema que pierde agua en cada tramo: entre 500 y 1,000 litros por segundo se fugan en el trayecto hacia la ciudad por tuberías viejas y sin mantenimiento, y otro 60% se pierde en la red de distribución que va de la planta potabilizadora a los hogares.

La crítica de los colectivos apunta a que traer más agua del lago no resuelve el problema de fondo. La posibilidad de un tercer acueducto para Guadalajara —sumado a otro proyecto en la presa Solís, en Guanajuato— reduciría aún más el caudal del río Lerma, principal afluente del lago. De concretarse, el desabasto no solo golpearía a la metrópoli, sino también a los propios pueblos ribereños que dependen del cuerpo de agua.

La defensa del lago se apoya en compromisos que las autoridades suscribieron y que, denuncian los habitantes, permanecen incumplidos. Desde 2009, gracias a la presión de las comunidades, Chapala es sitio RAMSAR: un humedal de importancia internacional reconocido por su valor como hábitat de aves acuáticas, con cerca de 365 especies de aves a lo largo del año. La Convención RAMSAR obliga a los países firmantes a proteger y gestionar de forma sostenible estos humedales.

A esa protección se suma el Acuerdo de Escazú, tratado latinoamericano que garantiza el acceso a la información ambiental, la participación pública y el acceso a la justicia en materia ambiental. Pese a ese marco, en la zona federal del lago se promueven desarrollos inmobiliarios y construcciones, mientras la contaminación por descargas industriales y aguas residuales persiste.

Para los pueblos originarios —entre ellos el pueblo coca y el pueblo wixárika— el territorio tiene además un significado sagrado: la Isla de los Alacranes es un centro ceremonial reconocido como patrimonio cultural inmaterial de Jalisco.

El deterioro del lago tiene un costo humano medible. La contaminación del río Santiago, conectado a la cuenca, lo ha convertido en uno de los ríos más tóxicos del continente por la presencia de metales pesados como arsénico, plomo, cadmio y mercurio. Jalisco registra una de las tasas más altas de enfermedad renal del país. En San Pedro Itzicán, la mitad de los niños presenta padecimientos renales; en Mezcala, los casos de insuficiencia terminal aumentan de forma sostenida.

Frente a ese escenario, la Cascarita Ribereña planteó que la defensa del lago es inseparable de la defensa de la salud y la vida de quienes habitan la Ribera. La jornada combinó la protesta con actividades culturales para visibilizar que, a contramano de la inversión destinada a preparar a Guadalajara para el Mundial 2026, la crisis hídrica y sanitaria de la cuenca sigue sin recibir una respuesta de fondo por parte del Estado.