Aumentar la vida útil de los productos, cuidar el medioambiente y dignificar el trabajo de quienes recolectan y separan los desechos sólidos son algunos de los objetivos de la nueva legislación en materia de economía circular. Pero existen varios obstáculos; por ello, académicas de la UdeG consideran que para que sea viable es necesario generar políticas públicas en educación, coordinación institucional e inversión en infraestructura
- Mariana González Márquez / gaceta.udg.mx
- Foto: Abraham Aréchiga
- mayo 12, 2026
La Ley general de economía circular (LGEC), que fue aprobada en enero de 2026 en el país, pretende transitar de un modelo lineal de producir, usar y tirar artículos a uno circular, que prioriza la reducción de residuos, la reutilización, la reparación y el reciclaje. El objetivo es proteger el medio ambiente, incrementar la vida útil de productos y generar empleos verdes mediante la responsabilidad extendida del productor y el diseño sostenible. Uno de los puntos centrales de esta legislación es poner en el centro el trabajo de las personas que se dedican a la recolección y reutilización de desechos sólidos, con la intención de dar un mayor valor al trabajo que realizan y volverlos una parte nodal de este modelo. Sin embargo, existen desafíos importantes a vencer para estas personas, quienes arriesgan su vida y su salud por trabajar con la basura que todas y todos generamos
Los riesgos para los recolectores
Con 24 años como recolector de basura en el municipio de San Miguel Hidalgo, Ismael Campos Vallejo sabe de primera mano lo que son los riesgos de este oficio, en gran medida por descuido de la población.
Todos los días opera el camión recolector de basura; junto con sus compañeros, recoge los residuos de los contenedores municipales para trasladarlos al vertedero. Él y los demás han sufrido heridas en las manos por vidrios filosos, jeringas sin protección o rebabas de materiales industriales escondidos entre las bolsas.
Se han enfrentado también a contenedores con animales muertos o bultos excesivamente pesados; cuenta que una vez, en el rastro municipal, tuvieron que cargar botes de residuos líquidos de más de 100 kilos.
“Anteriormente, la gente era más descuidada, pero a últimas fechas se ha concientizado mucho, porque antes dejaban los vidrios expuestos, no los cubrían, ahora ya lo hacen; antes se recolectaban animales muertos, pero eso se dejó de hacer; bultos muy pesados ya se dejaron de recolectar, ya la gente tiene la curiosidad de separarlos”, asegura.
Josefina Fausto Guerra, profesora e investigadora del Departamento de Salud Pública del Centro Universitario de Ciencias de la Salud (CUCS), realizó una investigación con los recolectores de basura en el municipio de San Miguel Hidalgo.
Mediante entrevistas y trabajo de campo constató los riesgos físicos a los que están expuestos principalmente en cuanto a caídas, fracturas y luxaciones debido a la rapidez con la que deben hacer su trabajo, pisos mojados o caminos con piedras sueltas o lodo, que pueden provocar accidentes.
Adicionalmente, son susceptibles a contraer enfermedades gastrointestinales por el continuo contacto con los desechos y están expuestos a sustancias tóxicas por la falta de programas de separación de basura, lo que coincide con la experiencia de Campos Vallejo.
“En la recolección de basura, a veces les tocaba algunas (bolsas) con lámparas de mercurio (dentro), los llamados focos ahorradores, y también en zonas rurales la basura común iba mezclada con frascos de agroquímicos y pesticidas. Ellos nos referían que sí había contenedores especiales para esto, pero que la población a veces mezclaba la basura común con estos frascos, que los ocultaban”, expresa.
Aunque los riesgos biológicos y químicos a los que están expuestos han disminuido, Campos Vallejo destaca que la labor sigue siendo peligrosa, principalmente en los aspectos viales, ya sea por la desesperación de la ciudadanía o por las condiciones del suelo que propicia riesgos de caídas.
“Sí estamos expuestos, porque la gente tiene muy poca cultura. Está uno haciendo la recolección y la gente nunca se quiere esperar. En un descuido nos pueden atropellar”, dice.
Aunque su labor lo realizan en condiciones de alto riesgo y son trabajadores del ayuntamiento, no están afiliados ni están protegidos en materia de salud.
“La verdad, son nada más servicios médicos municipales, es todo, porque seguro social no tenemos ninguno, ni de vida. Y al menos, que los servicios médicos municipales tuvieran el medicamento necesario para cumplir lo básico, porque a veces va uno a revisión por equis causa y le toca comprar el medicamento”, indicó.
A diferencia de los trabajadores informales conocidos como pepenadores, los recolectores de San Martín Hidalgo tienen un contrato con el ayuntamiento, pero los salarios suelen ser bajos, no pueden recibir propinas y no reciben capacitación para el manejo de residuos o prevención de riesgos.
Un eje en el modelo circular
Para Fausto Guerra, tanto los recolectores como los pepenadores son un eje central en la cadena de la economía circular, el rescate de materiales y la reutilización de productos, aunque esto se realiza en condiciones precarias y, muchas veces, para obtener ingresos extra.
Ismael no sabe de qué trata la Ley de economía circular y tampoco ha escuchado de ella antes. Desde su experiencia en la recolección de residuos, afirma que son necesarias estrategias de reutilización de la basura para disminuir el volumen de lo que se va a los vertederos.
Pone como ejemplo la reducción de alrededor de 90 por ciento de los productos hechos con plástico que hay en la basura, pues en ese municipio hay lugares donde se paga a buen precio su acopio para reutilización; pero en el caso del cartón y el papel, cuya retribución es baja, se sigue desperdiciando al revolverlo con otros desechos. Por lo que una opción sería “promover los centros de acopio o una ruta especialmente enfocada en la recolección de reciclados que pasara, quizás, una vez por semana, para que lo poco que se desperdicie se pueda reutilizar”, explica.
Fausto Guerra, quien se desempeña como directora del Instituto regional de investigación en salud pública de la UdeG, considera que para que la economía circular funcione en México, es importante que los recolectores y quienes se dedican a reunir y vender desechos reciban capacitación técnica.
“Ellos mencionaron que algunos accidentes que tenían era precisamente porque a la hora que vacían el contenedor de basura, están al pendiente de ver qué pueden recuperar de allí para venderla y poder tener otro ingreso, y eso les quita la atención en los riesgos”, asegura.
Articular esfuerzos para generar menos basura
La aprobación de la Ley general de economía circular representa un logro histórico para nuestro país, puesto que busca transformar el modelo económico tradicional y pasar de las tres R (reducir, reutilizar y reciclar) a una nueva manera de tratar los residuos sólidos, asegura la doctora Paola Mayorga Salamanca, especialista en el tema.
“El modelo económico tradicional que hemos seguido es el lineal, viene de extraer, producir, usar y desechar y se acabó. Ahora, este modelo circular lo que busca es que los recursos se mantengan el mayor tiempo posible dentro del sistema productivo. Su principal objetivo es incrementar la vida útil de los productos, minimizar la generación de residuos, aprovechar y valorizar un poco más los materiales, reintegrar los recursos al sistema productivo”, explica.
La economía circular es un modelo de producción y consumo que implica compartir, alquilar, reutilizar, reparar, renovar y reciclar materiales y productos existentes todas las veces que sea posible. Esto implica generar productos más eficientes y sostenibles, con larga duración o que puedan ser reutilizados para dar un valor añadido.
Así, el ciclo de vida de los productos se extiende, se reducen los residuos al mínimo; además de favorecer la pérdida de biodiversidad, se generan menos gases de efecto invernadero, se genera ahorro a los consumidores y se crean nuevos empleos, según información del Parlamento europeo.
En el caso de la nueva ley en México, Mayorga Salamanca comenta que uno de los puntos más innovadores e importantes es el reconocimiento de los recicladores base o pepenadores como actores estratégicos de la economía circular, un trabajo que había sido poco valorado por el sistema productivo.
“Estamos hablando de promover un reciclaje inclusivo. ¿Qué quiere decir esto? Reconocer la aportación ambiental que hacen estas personas e incluirlas en esquemas formales de gestión de residuos, y mejorar su inclusión social y económica. Realmente, es un paso muy relevante porque los recolectores de alguna manera alimentan las cadenas de reciclaje y reducen residuos en los rellenos sanitarios”, dice.
Mayorga Salamanca, profesora e investigadora del Departamento de Mercadotecnia y Negocios Internacionales del CUCEA, quien ha realizado investigaciones enfocadas en la sustentabilidad y la circularidad, estima que en México hay entre 150 mil y 200 mil personas que trabajan de manera informal en esta actividad. Y ponerlas al centro de la economía favorecerá la dignificación de sus condiciones laborales y de seguridad, visibilizará su aportación ambiental, les incluirá en esquemas formales de gestión de residuos y mejorará su inclusión social y económica.
No basta la buena voluntad
En la actualidad, el país genera aproximadamente 120 mil toneladas de residuos sólidos urbanos al día y la separación de residuos ha quedado mayormente en programas de “buena voluntad” o filantropía, sin mecanismos obligatorios que faciliten el tratamiento de materiales como el PET, que reduce la extracción de petróleo, o el cartón y papel, que evitan la tala de árboles y el consumo de agua.
Para consolidar la economía circular es necesario generar políticas públicas en educación, coordinación institucional e inversión en infraestructura, considera Mayorga Salamanca.
“México tiene una infraestructura baja para poder mantener este sistema, porque tenemos una baja capacidad de reciclaje; faltan plantas de tratamiento, somos débiles todavía en la separación de residuos y sin infraestructura, pues la comunidad circular no se consolida tan fácilmente”, dice.
“Todo tiene que estar coordinado entre municipios, estados y federación, y eso puede ser difícil. Precisamente, en la parte de los pepenadores, vemos un riesgo de formalización excluyente. Si la regulación se implementa mal, podríamos tener un desplazamiento de recicladores informales y beneficiar principalmente a las grandes empresas de gestión de residuos”, subraya.
Además de la mejora de condiciones laborales para las personas con estos oficios, la universitaria afirma que es fundamental la integración real de una cadena de valor que articule el trabajo entre gobierno, empresas y recicladores de manera efectiva.