Está vinculado a factores climáticosy al desarrollo urbano; la expansiónsin planeación ambiental hafavorecido los entornos cálidos
Pablo Toledo / El Occidental
La presencia de islas de calor en la Zona Metropolitana de Guadalajara ha registrado un incremento en los últimos años, al pasar de entre 40 y 45 por ciento del territorio urbano a entre 50 y 60 por ciento en la actualidad, de acuerdo con estimaciones de especialistas. Este aumento se ha dado en paralelo al crecimiento acelerado de la mancha urbana, donde la sustitución de áreas verdes por concreto y asfalto ha generado condiciones que elevan la temperatura en amplios sectores de la ciudad.
La expansión urbana ha modificado no solo el paisaje, sino también las condiciones climáticas en las que viven millones de personas. El crecimiento de fraccionamientos, vialidades y zonas comerciales ha reducido la cobertura vegetal, lo que contribuye a que ciertas zonas registren temperaturas superiores al promedio, particularmente durante los meses más cálidos del año, previo al inicio de la temporada de lluvias.
De acuerdo con el geógrafo del Instituto de Astronomía y Meteorología de la Universidad de Guadalajara (IAM), Carlos Román Castañeda, las islas de calor son un fenómeno meteorológico urbano que se presenta cuando existen variaciones térmicas entre zonas con alta urbanización y áreas con vegetación. Como ejemplo, explicó que mientras una estación ubicada en un espacio con pasto puede marcar 35 grados, en corredores urbanos como avenidas principales la temperatura puede alcanzar entre 37 y 40 grados o más, con diferencias de entre dos y tres grados Celsius en un mismo momento.
Las zonas con mayores registros térmicos coinciden con corredores de alta densidad vehicular y comercial. Entre los puntos identificados se encuentran avenidas como avenida Américas, Lázaro Cárdenas, López Mateos y la carretera a Chapala, así como sectores cercanos a la zona financiera y el entorno de La Minerva.
En contraste, espacios con vegetación como el Bosque Los Colomos, el Parque Metropolitano y el Bosque de la Primavera presentan temperaturas más bajas, lo que evidencia la función reguladora de las áreas verdes.
Datos del Instituto de Planeación y Gestión del Desarrollo del Área Metropolitana (Imeplan) señalan que cerca del 30 por ciento de las zonas donde se presentan islas de calor superan la hectárea de extensión. Esto confirma que no se trata de puntos aislados, sino de superficies amplias que abarcan corredores completos de la ciudad. A ello se suma la limitada cobertura de estaciones meteorológicas en municipios como Tlajomulco, Tonalá y Tlaquepaque, lo que dificulta una medición más detallada, aunque la tendencia general es clara.
En desarrollos habitacionales como Santa Fe, habitantes señalan que la falta de áreas verdes ha intensificado la sensación térmica.
Aquí casi no hay árboles, todo es puro concreto, y en la tarde el calor se siente más fuerte que en otras partes de la ciudad. Yo vivía en Guadalajara, cerca del Parque San Rafael, y los árboles hacían que no se sintiera tanto calor; pero de este lado de la ciudad los pocos árboles que hay están secos o son pequeños, y no cumplen la función de dar sombra o refrescarLaura Hernández, vecina de Santa Fe, en Tlajomulco
En Tonalá, José Martínez agrega: “Prometieron áreas verdes, pero son muy pocas y los árboles están pequeños; no dan sombra y eso evidentemente hace que haya más calor. Año con año suben las temperaturas porque no existen programas eficientes de reforestación, y los que plantan se secan a las semanas porque nadie los atiende”.
Especialistas advierten que la deforestación es un factor determinante en este fenómeno. La eliminación de arbolado para dar paso a nuevas construcciones reduce la capacidad del suelo para absorber radiación solar. De acuerdo con diagnósticos urbanos del área metropolitana de Guadalajara, existen más de 1 millón 300 mil árboles, lo que representa una relación aproximada de un árbol por cada cuatro habitantes. Aunque la cifra es relevante, se encuentra por debajo de la recomendación de especialistas, que sugieren al menos un árbol por habitante.
A este panorama se suma el comportamiento reciente de las temperaturas en la ciudad. De acuerdo con los registros disponibles, 2024 se ubicó como el año más cálido desde que se tiene medición confiable, mientras que en años anteriores también se han presentado picos relevantes, como en 2001, cuando en abril se alcanzaron casi 38 grados. Aunque no todos los años rompen récords, la tendencia general apunta a un incremento sostenido en la temperatura promedio.
El impacto de las islas de calor también se refleja en la vida cotidiana, especialmente en zonas con alta concentración vehicular. Permanecer dentro de un automóvil bajo el sol o transitar por avenidas con escasa sombra incrementa la exposición al calor, lo que puede generar fatiga, deshidratación y otros efectos en la salud. Esta condición se agrava en horas pico, cuando el tránsito y la radiación solar coinciden.
Además, la falta de planeación en algunos desarrollos urbanos ha limitado la integración de infraestructura verde suficiente para mitigar estos efectos. Aunque en algunos proyectos se contempla la plantación de árboles, estos tardan años en alcanzar un tamaño que proporcione sombra efectiva, lo que prolonga la exposición de los habitantes a temperaturas elevadas en su entorno inmediato.
El investigador señaló que, ante el aumento de temperaturas, es fundamental adoptar medidas preventivas. Entre ellas destacan mantenerse hidratado, evitar la exposición al sol entre las 12:00 y las 16:00 horas, utilizar ropa clara, así como protección como sombreros, gafas y bloqueador solar.
Advirtió que no seguir estas recomendaciones puede derivar en golpes de calor, condición que puede provocar daños graves en el organismo e incluso la muerte. También recomendó evitar actividades al aire libre en horarios críticos y tomar precauciones con mascotas, debido a que el pavimento caliente puede causarles lesiones.
El incremento de las islas de calor en Guadalajara está vinculado tanto a factores climáticos como a decisiones de desarrollo urbano. La evidencia muestra que la expansión sin suficiente planeación ambiental ha favorecido la generación de entornos más cálidos, lo que plantea retos para la salud pública, la sostenibilidad y la calidad de vida en la ciudad.