Por: Héctor Escamilla meganoticias.mx 15-04-2026
Los modelos climáticos internacionales apuntan en una misma dirección: el fenómeno de El Niño podría desarrollarse antes de que termine 2026 con intensidad excepcional, potencialmente la más fuerte en más de un siglo.
El Niño forma parte de un sistema climático conocido como ENSO (El Niño-Oscilación del Sur), considerado la mayor fuente de variación climática del planeta fuera de las estaciones. Cuando entra en su fase cálida, el océano Pacífico ecuatorial se calienta por encima de lo normal, alterando el equilibrio de la atmósfera y modificando el clima a escala global.
Y esto conlleva a dos escenarios: más calor en el planeta y desorden en los patrones de lluvia.
Para Jalisco, las primeras señales ya son notorias. Este año, abril, que es tradicionalmente seco, registra lluvias por arriba del promedio, especialmente en regiones como la Ciénega y Los Altos. Incluso en Semana Santa hubo episodios de precipitación más frecuentes.
Pero el verdadero reto no será solo que llueva más, sino cómo va a llover. Especialistas advierten que el estado podría enfrentar un temporal adelantado, pero irregular: tormentas intensas en cortos periodos, seguidas de lapsos secos. Un patrón menos estable que complica la planeación, sobre todo en el campo.
El desarrollo de El Niño está asociado con un aumento de temperatura, y en este caso los modelos proyectan anomalías importantes en el Pacífico, incluso superiores a +2.5 grados, un indicador de eventos particularmente intensos.
Esto se traduce en días más calurosos de lo habitual en Jalisco, elevación de la demanda de agua y aumentando la presión sobre los recursos.
Pero por otro lado, cuando inicie el temporal, el aumento de temperatura en el océano provocará huracanes más intensOs y a nivel continental, mayor precipitación, pero además, variable.
El impacto en la agricultura será directo. En un estado donde gran parte de la producción depende del temporal, las lluvias adelantadas pueden modificar los ciclos de siembra, mientras que el calor acelerará el crecimiento de los cultivos, obligándolos a consumir más agua. Pero tampoco la lluvia es la solución, porque si se anticipan o se acompaña de granizo, ráfagas de viento e inundaciones, destruyen cosechas en tiempo de secas.

«Cuando llueva, si se adelanta o se atrasa. Entonces, si esperamos lluvias un poco por arriba de lo normal anticipadas desde abril, incluso en mayo podríamos ver estos escenarios de lluvia por arriba de lo normal. También, como esperamos temperaturas más cálidas de lo normal, eso también acelera el ciclo de crecimiento de muchos cultivos. Entonces, ¿qué se espera? Que el cultivo demande más agua en menos tiempo», expresó Mauricio López Reyes, investigador del Instituto de Astronomía y Meteorología UdeG
A nivel global, el panorama es aún más amplio. Un evento de esta magnitud podría redistribuir el calor del planeta, empujar nuevos récords de temperatura hacia 2027.
La historia da pistas de lo que podría venir. El fenómeno de 1997-1998, uno de los más intensos registrados, dejó pérdidas económicas globales estimadas en 5.7 cinco mil 700 millones de dólares y efectos que se prolongaron durante años. Si el evento proyectado para 2026 supera esa intensidad, la gran pregunta es si hoy existe la capacidad suficiente para mitigar sus impactos.
