• El proyecto continúa avanzando, pese a que el Ayuntamiento de Tala acordó que no dará más permisos. Foto: Archivo

Violeta Menéndez/mural

Guadalajara, México (03 septiembre 2021).- Con vacíos graves de información técnica y científica necesaria para evaluar el impacto real de un relleno sanitario a corto, mediano y largo plazo es como la Secretaría de Medio Ambiente y Desarrollo Territorial (Semadet) entregó la autorización a Caabsa para el nuevo basurero en Tala.

Así lo revela la asesoría técnica de la organización ambiental Environmental Law Alliance Worldwide (ELAW), con sede en Estados Unidos, en un informe que elaboró sobre el caso a petición del Instituto de Derecho Ambiental AC.

En el informe, ELAW refiere entre los vacíos de información más graves, y que sin ellos la Semadet no puede medir el daño que generará el proyecto en el lugar, son la falta de un estudio de vulnerabilidad de los acuíferos, pues en la condicionante 8 de la autorización pide a Caabsa realizar un análisis detallado sobre el tema, pues reconoce que no se tiene.

Otros aspectos que la consultoría técnica menciona es que hay información insuficiente es sobre la ausencia de caracterización de la basura -que también encargó Semadet estudiar posteriormente-, el manejo de contaminación atmosférica, lixiviados, pruebas de las geomembranas, presupuestos detallados para las medidas de mitigación, entre otras.

«La autorización de la SEMADET al CIEC Tala revela graves vacíos de información sobre la viabilidad socioambiental del proyecto. La autorización en los términos otorgados no tiene el sustento técnico que permita anticipar, prever, controlar y mitigar los impactos negativos del proyecto», concluye el informe.

Sin embargo, el martes pasado, el titular de la Secretaría, Sergio Graf, dijo a los integrantes del cabildo de Tala que la MIA era un documento sin precedentes debido a que contaba con medidas de seguimiento para que la operación y abandono del CIEC sea ejemplar.

Pero sobre esto, ELAW advierte que el estudio está incompleto, ya que solo evalúa la primera etapa del relleno sanitario, cuando ahí mismo se establece que habría condiciones para llegar a una novena etapa, pero ésto no se detalla.

«El tiempo de vida de un relleno sanitario de una zona urbana es de alrededor de 30 años y sus planes no solo deben comprender las fases de construcción y operación sino también la fase posterior al cierre de operaciones», señala.