
por Sonia Serrano Íñiguez /ntrguadalajara.com
9 de Diciembre de 2020, 06:00 –
El agua llega cada tercer día y no hay centro de salud ni escuelas, ni siquiera una tienda de abarrotes. María hace ese recuento detrás de la reja, resistiéndose a hablar. Ella y su familia se mudaron al fraccionamiento Talicoyunque con la promesa de mejores condiciones de vida. Su casa es amplia y nueva, pero no tienen servicios.
El servicio que más necesitan es el agua, la cual sí tenían en Palmarejo, uno de los tres poblados –los otros dos son Acasico y Temacapulín– que se inundarían con la Presa El Zapotillo. Para el resto de los servicios tienen que recorrer seis kilómetros de distancia que hay hasta la cabecera municipal de Cañadas de Obregón.
Lo curioso, señala, es que ellos aceptaron mudarse para hacer posible que se construyera la Presa El Zapotillo, la cual dotaría de agua a la ciudad de León, Guanajuato, a la Zona Metropolitana de Guadalajara y a la zona de los Altos de Jalisco. Ahora son ellos los que no tienen agua.
Lo que también falta es seguridad. La empresa encargada hace unos diez años de construir alrededor de 30 casas en el fraccionamiento había colocado una cerca para impedir que personas ajenas o quienes se oponen al proyecto de la presa ingresaran, pero sus cuidadores ya se fueron.
El desarrollo está ubicado en Cañadas de Obregón, cuyo ayuntamiento no quiere hacerse responsable de los servicios, pues nunca lo recibió formalmente. Por ello es que el agua sale de un depósito que se llena con una pipa cada tercer día y luego va hasta las cisternas de cada vivienda. Hay versiones de que las pipas van desde Guadalajara.
La mitad de las casas de Talicoyunque está deshabitada y a su alrededor sólo hay maleza; entre las que sí se utilizan hay algunas que sólo se usan por temporadas. Sus poseedores todavía no son propietarios porque nunca recibieron escrituras, pero ya no pueden arrepentirse y regresar a su pueblo porque parte de los acuerdos para entregarles las viviendas en Talicoyunque fue que derribaran sus antiguas casas. “Nos hicieron que las tumbáramos para que no nos regresáramos”, relata María.
Si no hay servicios, tampoco fuentes de trabajo, así que para subsistir regresan a sus anteriores parcelas o laboran en granjas en los poblados de los alrededores.
En este nuevo asentamiento la Comisión Nacional del Agua (Conagua) y el gobierno de Jalisco pretendían reubicar a los habitantes de Temacapulín y Palmarejo, pero encontraron resistencia permanente, por lo que sólo algunas familias de Palmarejo aceptaron mudarse. Incluso algunos de los que negociaron ahora viven en la cabecera de Cañadas de Obregón, afirma el representante del Comité Salvemos Temacapulín, Acasico y Palmarejo, Gabriel Espinoza Íñiguez.
NUEVO ACASICO, PUEBLO FANTASMA
El 20 de enero de 2014 se firmó el “acuerdo para la aceptación del proyecto ejecutivo para el reasentamiento del centro de población de Acasico”.
El nuevo poblado tendría cementerio, módulo cívico, escuela primaria, jardín de niños, unidad deportiva, templo, ermita, viviendas con todos los servicios, un parque agroindustrial, mirador, muelle, una planta solar fotovoltaica, pozo profundo, planta de tratamiento de aguas residuales, planta potabilizadora y una cisterna para riego. Hasta se ofreció servicio de Internet y la reubicación, piedra por piedra, del templo de Flamacordis.
Pero la realidad en Nuevo Acasico es muy diferente. En el predio hay agujeros de lo que alguna vez fueron movimientos de tierras, una casa rodante, un caja de tráiler habilitada para oficinas y material de construcción, todo vigilado por un guardia privado que es pagado por el Ayuntamiento de Mexticacán. De las viviendas, sólo se terminó la que fue usada como casa modelo y el resto está en obra negra.
“Nomás desarreglaron y luego ya no arreglaron”, dice Lencho, uno de los habitantes de Acasico, quien incluso cuenta la anécdota de una de las mujeres del poblado que aseguró que “otro cabrón aquí en lo mío no manda” y se resistió a dejar su casa.
Luis Villegas es el actual delegado municipal. Regresó a su pueblo después de trabajar casi tres décadas en Estados Unidos y ahora es el principal defensor de su pueblo que, presume, “es más viejo que Guadalajara”. También resalta que ahí Francisco Tenamaxtli, el guerrero caxcán, venció a Pedro de Alvarado.
Hasta ahora las autoridades sólo han logrado meterse con los muertos, añade Gabriel Espinoza, quien relata que hicieron un acuerdo con la Diócesis de San Juan de los Lagos para sacar el cuerpo del padre León Torres, quien fundó la iglesia de Flamacordis hace más de 100 años, y lograron que el Ayuntamiento de Mexticacán ya no autorizara los entierros en el viejo poblado para que los cuerpos fueran sepultados en el Nuevo Acasico.
Encuentro y nada más
- El 12 de agosto de 2019, los gobernadores de Jalisco y Guanajuato, Enrique Alfaro Ramírez y Diego Sinhué Rodríguez Vallejo, respectivamente, visitaron al presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, para confirmarle que habían llegado a un acuerdo para retomar el proyecto de El Zapotillo. Ese día el mandatario recibió también a representantes de habitantes de las comunidades a inundar y de los productores de Los Altos, y les pidió la instalación de una mesa de trabajo para alcanzar acuerdos entre todas las partes. Desde entonces no hay avances.
FRASE:
“Nos hicieron que las tumbáramos (las casas) para que no nos regresáramos”: María, Habitante de Talicoyunque
