Lo que antes fueron aguas transparentes hoy lucen una espuma de contaminantes que riega algunos plantíos. Foto: Rodolfo Lasso

Sara Ochoa/Mural

Guadalajara, México (18 noviembre 2020).- En Juanacatlán, el cubrebocas protege contra el Covid-19, pero ayuda poco al mitigar el olor a huevo podrido que emana de las cascadas del Río Santiago.

«La verdad es que uno ya se acostumbra, aunque pues no es lo ideal, pero a mí me pasa que ya no siento el olor aunque sé que hace daño», expresó Ramiro, habitante de la Calle Arenal en Juanacatlán, ubicada en las inmediaciones de la cascada.

Al agua antes transparente hoy la cubre una cobija de espuma, causada por la emulsión de los contaminantes que desechan las industrias. En El Salto de Juanacatlán, la cascada del Río, el panorama se acompaña también de basura, llantas y juguetes abandonados a la orilla.

Pero no solo son los olores. Darío del Río ya sufrió en carne propia las consecuencias de convivir con el agua y los metales pesados que arrastra.

El hombre enfermó del pulmón luego de formar parte de los trabajos de saneamiento que realizó el Gobernador Enrique Alfaro Ramírez en la cuenca Lerma-Santiago de diciembre del 2018 a abril 2019.

«Me ofrecí a trabajar como coordinador de asistentes técnicos porque conocía la maquinarias y también le entramos a pagar el combustible», explicó.

Los problemas aparecieron el 2 de febrero de 2019, cuando Del Río debió ser ingresado en la Clínica del IMSS de El Salto por neumonía química inducida por el medio ambiente.

«Cada dos o tres horas debían checar mi oxigenación», recordó.

El también representante legal de la Organización Civil «Saneamiento Integral del Río Santiago» lamentó que ni su cercanía a la muerte fue suficiente para sanar al Río.

Entre tanto, una cruz fue instalada en el estacionamiento del desolado mirador, ubicado en el cruce de Calle Constitución y El Arenal, la cual recibe arreglos florales cada semana para recordar a los muertos que ha dejado la contaminación.