Tráfico vehicular, motocicletas, obras públicas, espacios laborales y actividades recreativas generan niveles que superan los 80 y 90 decibeles; la falta de monitoreo permanente impide dimensionar los daños
Isaura López/ El occidental
La contaminación auditiva representa una amenaza latente para la salud de quienes habitan la Zona Metropolitana de Guadalajara (ZMG), donde se han detectado niveles superiores a los 80 y 90 decibeles e, incluso, mediciones puntuales cercanas a los 100 decibeles. “Vivimos condiciones criticas” sin un monitoreo permanente ni políticas públicas integrales.
Entre los puntos críticos destacan los cruces de Anillo Periférico con avenidas de alta circulación y carreteras, como Avenida López Mateos, Avenida Mariano Otero, Avenida Vallarta/Carretera Nogales, Avenida Juan Gil Preciado/Carretera a Colotlán, Avenida Tabachines, Calzada Independencia, Avenida Belisario Dominguez/Artesanos, Avenida Tonaltecas/Carretera Libre a Zapotlanejo, Carretera a Chapala, Avenida 8 de julio y Avenida Jesús Michel González.
Las personas que viven o trabajan en las inmediaciones de estas vialidades enfrentan una exposición más elevada del ruido. También se identifican niveles importantes en los centros de Guadalajara, Zapopan y Tlaquepaque, especialmente en calles estrechas por donde circulan autobuses y motocicletas.
En estos sitios confluyen automóviles, transporte de carga y motocicletas, mientras que las estructuras de concreto que dividen los carriles reflejan y magnifican el sonido de los escapes, advirtió la profesora investigadora del Departamento de Ciencias Ambientales del Centro Universitario de Ciencias Biológicas y Agropecuarias (CUCBA) de la Universidad de Guadalajara (UdeG), Martha Georgina Orozco Medina.
El ruido es uno de los contaminantes más generalizados y representa una de las mayores amenazas latentes para la salud de la población. La exposición, sobre todo por el tráfico, es una de las grandes preocupaciones
Indicó que los niveles sonoros rebasan ampliamente los límites asociados con condiciones de confort acústico. El problema se intensifica en calles angostas, vialidades con baches, semáforos deficientes y zonas donde los vehículos frenan y arrancan constantemente.
Niveles de ruido que superan los 80 y los 90, incluso en algunas mediciones puntuales hasta los 100 decibeles. En Periférico hemos encontrado puntos severamente conflictivos por la alta densidad vehicular y el transporte de carga. Las estructuras de concreto no tienen absorción acústica y terminan intensificando el ruido
La investigadora señaló que la proliferación de motocicletas con escapes modificados, camiones con sistemas ruidosos y unidades que arrastran piezas metálicas sobre el pavimento ha agravado el problema: En contraste, las avenidas arboladas, sin baches ni topes y con una semaforización eficiente presentan mejores condiciones acústicas.

Sin una estrategia integral contra el ruido
La académica consideró que las políticas públicas son insuficientes porque no existe una red permanente y profesional de monitoreo, como ocurre con otros contaminantes ambientales.
Aunque la legislación estatal incorporó disposiciones conocidas como la “ley antirruido” y otorgó mayores atribuciones a los municipios, su aplicación se ha concentrado principalmente en denuncias entre vecinos y establecimientos, sin atender integralmente el tráfico, las obras, el transporte y la planeación urbana.
Todo está encaminado a la denuncia puntual y no a un abordaje estratégico que contemple diferentes acciones para favorecer la calidad acústica
Para reducir la contaminación auditiva, planteó fortalecer el transporte público y mejorar su conectividad para desalentar el uso del automóvil particular. También se requiere intervenir vialidades, optimizar la semaforización, reparar baches, ampliar el arbolado, vigilar las emisiones sonoras de vehículos y proteger adecuadamente a quienes trabajan en entornos ruidosos.
Desde 1995, Orozco Medina desarrolla una línea de investigación para caracterizar el ruido en distintos puntos de la ciudad e identificar condiciones críticas relacionadas con el tráfico vehicular, las actividades laborales, los espacios recreativos y las obras públicas.
Riesgos laborales y recreativos
Otro sector vulnerable, expuso la investigadora del Instituto de Comunidades, son los trabajadores de la construcción y de obra pública. Aunque algunos reciben equipo de protección, los protectores auditivos no siempre se utilizan correctamente, lo que incrementa el riesgo de deterioro progresivo de la audición.
En espacios de recreación infantil, advirtió que se han registrado condiciones sonoras semejantes a las de un recinto industrial, principalmente por las máquinas de videojuegos, los efectos luminosos y los sonidos intensos. Esta exposición puede ser más perjudicial para niñas, niños y adolescentes debido a que su sistema auditivo continúa en desarrollo.
Otro factor de riesgo, es el uso prolongado de audífonos a volúmenes elevados también puede provocar tinnitus —la percepción de zumbidos o sonidos sin una fuente externa— y pérdida de capacidad auditiva.
De continuar estas prácticas, alertó la profesora investigadora de Ciencias Ambientales, que personas jóvenes podrían presentar una hipoacusia semejante a la registrada entre adultos mayores.
Músicos, asistentes frecuentes a conciertos y personas que permanecen cerca de bocinas también enfrentan exposiciones severas. A estos factores se suman las infecciones mal atendidas y el consumo inadecuado de algunos medicamentos analgésicos o antibióticos con efectos ototóxicos.
El ruido afecta más que el oído
Orozco Medina explicó que los daños pueden dividirse en fisiológicos y no fisiológicos. Entre estos últimos se encuentran las dificultades para comunicarse, las alteraciones en la convivencia y las molestias constantes ocasionadas por el ruido.
Los efectos fisiológicos incluyen disminución de la capacidad auditiva y trauma acústico agudo ante detonaciones, explosivos, fuegos pirotécnicos o actividades de extracción de materiales para la construcción. La exposición continua también puede afectar los sistemas circulatorio, digestivo y nervioso.
Aunque especialistas en audiología y otorrinolaringología han observado un aumento de pacientes con daños o disminución auditiva, no existe información suficiente para determinar la dimensión del problema en la metrópoli.
Necesitamos un monitoreo mucho más intenso para conocer la cantidad de personas que están presentando daños. Los especialistas sí han visto un repunte en la disminución de la capacidad auditiva a causa de exposiciones que cada vez se incrementan
Finalmente, llamó a autoridades y ciudadanía a asumir una responsabilidad compartida: evitar generar ruido innecesario, denunciar las actividades que excedan los límites permitidos y exigir políticas integrales que permitan recuperar entornos acústicamente saludables.