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14 julio, 2026
Por Luis Miguel Hernández
Guadalajara enfrenta, desde hace décadas, la inminencia de una crisis hídrica. El Acuaférico y diversas obras realizadas hace décadas, no han solucionado un problema fundamental. La ciudad pierde capacidad de recuperación de acuíferos subterráneos y durante generaciones los criterios políticos de corto plazo han detonado la posibilidad de implementar una solución integral que disminuya la dependencia de la ciudad al caudal que proviene del Río Lerma y sus afluentes, que las descargas sanitarias, agropecuarias e industriales han convertido en un caldo tóxico.
La problemática, ciertamente, es añeja, pero en los últimos tiempos la ineptitud y la falta de voluntad se han combinado de una manera peligrosa en el manejo del SIAPA. La pugna entre el gobierno priista contra lo hecho por los gobiernos panistas, contamino de política las soluciones técnicas que, si bien sostuvieron al organismo, no generaron un antídoto contra la incapacidad del relevo generacional, que se agravó con el arribo de Movimiento Ciudadano. Allí el SIAPA tuvo un manejo errático, administrativamente desordenado y sin los conocimientos técnicos para saber definir la proporción y los tiempos en los que se extraía agua de cada una de las fuentes de suministro.
En una corta retrospectiva, la primera muestra de incapacidad se dio en el segundo trimestre de 2021, cuando la imprevisión y el descuido, aunados a las condiciones meteorológicas, llevaron la extracción a niveles de agotamiento, pues a partir del 2019 al 2021 no se permitió que el embalse alcanzara más de la mitad de su nivel, lo cual hizo que esa fuente de alimentación colapsara y existiera un abasto insuficiente en toda la ciudad, que redondeó en escasa y tandeos.
Las necesidades existentes y futuras de agua para Guadalajara y su zona conurbada requieren, además, de la urgente sustitución de redes de distribución que en la mayoría de su longitud han superado o se encuentran prácticamente al final de su vida, lo cual es particularmente grave en los grandes ductos de los que se distribuye a las diferentes colonias y barrios, además de que en el Centro Histórico y zonas aledañas la edad de la red alcanza los 100 años, lo que ocasiona fugas, filtraciones y socavones, además de que la degradación de las tuberías permite que se filtren sedimentos y otros contaminantes.
El costo previsto para renovar al menos las redes, en donde ya son inoperantes por fugas y por no ser adecuadas, es del orden de los mil millones de dólares, solo considerando la actualización de redes que, al cambiar de materiales, tendrían una vida útil que duplica la actualmente instalada. Pero no solo son las líneas de alimentación, sino que los grandes acueductos están ya desgastados y se hace necesaria su sustitución; la tecnología e instalaciones de potabilización también mantienen tecnologías obsoletas y son muchos años los que la falta de consenso político ha impedido estas obras que, si bien parecen onerosas, son una inversión en la ciudad futura.
Guadalajara toma una parte significativa del agua que consume de acuíferos que la ciudad ha cubierto, limitando su recuperación; esto hace depender más de los caudales provenientes del Río Lerma que se extraen del Lago de Chapala, pero no podemos ignorar que la cuenca abarca entidades como el Estado de México, Guanajuato y Michoacán, cuyas autoridades están rebasadas por el estado de cosas que deriva del control del territorio por grupos criminales, que podrá limitar las descargas de aguas residuales en municipios donde hasta el gobierno y la iglesia pagan piso, esa es la causa de la mala calidad del agua que recibe nuestra ciudad.
Los residuos orgánicos, los contaminantes biológicos y los metales pesados vienen de allí y han rebasado la capacidad de las plantas potabilizadoras; partamos de esa realidad, de la que el Gobierno Federal y su partido tienen gran responsabilidad.
Proyectos como El Purgatorio, Arcediano, la cortina completa de El Zapotillo, la reabsorción de lluvias, el drenaje pluvial, son pendientes que la mezquindad hecha razón política ha impedido, o bien la muestra de que los principales expertos en ingeniería e infraestructura hidráulica de varias generaciones carecían de la solvencia para diseñar un sistema de suministro adecuado. La cuestión es que de manera cíclica, durante décadas, se han presentado proyectos que han iniciado su construcción que no resiste el cambio sexenal en el mejor de los casos.
Las hemerotecas rebosan de discusiones, argumentos encontrados y las cuentas públicas arrojan un saldo negativo reiterado, pues lo único cierto es que mientras las palabras fluyen, el agua gota a gota se agota, lo que no es cliché, es distopia que nos alcanzó.
No es posible suponer que todos los proyectos presentados por gobiernos emanados de diferentes partidos tengan como único hilo conductor el dispendio y el expolio o que recurrentemente se plantean soluciones imposibles. Lo que es evidente es que electoralmente resulta muy jugoso cuestionar las soluciones y explotar las consecuencias de su ausencia.
No pretendo justificar la voracidad en el manejo administrativo, la incompetencia evidente que se cristalizó en una conductora de programas musicales ocupando el cargo de asesor técnico del SIAPA; esos son pecados evidentes e imperdonables, pero negarse a cualquier solución, mientras se hace leña del árbol caído es un despropósito.
Llegó la hora en la que el cálculo político y las capacidades técnicas se alineen; una ciudad sin agua no es una apuesta de futuro. Si los que hoy se escandalizan de la calidad del agua aspiran a llegar al control de la administración, debieran tener un poco de inteligencia y considerar que las soluciones que frenan serán un muro en el cual se estrellarán sus posibilidades de gobernar con éxito.
Traer diversión y esparcimiento a la población no está reñido con solucionar los problemas; hacer una balanza entre ambos es muestra de estulticia y perversidad, la incapacidad de los funcionarios designados y sus desatinos son una responsabilidad ineludible, pero también la responsabilidad recae en quienes se hacen gansos para garantizar la calidad del agua en toda la cuenca.
Mención aparte merece la desquiciada y faraónica declaración del refundado (o refundidor) de Jalisco, ahora entretenido en buscar la posición de aguador, porrista o “chanfle” en los llanos de La Mancha, pues decir que por arte de magia y sin obras notables, calles abiertas o controles aguas arriba, proclamo de manera desproporcionada que garantizaba el suministro de agua a Guadalajara por 50 años, es un galimatías que el gobierno actual debe resolver.