Por: Héctor Escamilla /meganoticias.mx 19-08-2026

La caída de árboles que cada temporal de lluvias golpea a la Zona Metropolitana de Guadalajara no responde principalmente al viento ni a la intensidad de las tormentas, sino a decisiones de obra pública y de urbanización tomadas años antes del colapso. 

Académicos atribuyen los derribos a una cadena de errores que comienza en el vivero y termina en la banqueta.

Especialistas señalan que buena parte del arbolado urbano crece sin suelo efectivo. Las banquetas se construyen cubriendo la base del árbol con concreto y sin dejar cajete, lo que impide la captación de agua de lluvia y de los nutrientes que ésta arrastra. El resultado es un ejemplar sometido a estrés permanente, con raíces sin aireación y expuesto a la pudrición, condición que abre la puerta a hongos xilófagos como el ganoderma. 

Ese patógeno degrada el tejido interno del tronco hasta dejarlo necrótico, de modo que el árbol pierde su capacidad de sostén y basta una racha de viento para tumbarlo.

Las obras de infraestructura fueron identificadas como un factor agravante y verificable en campo. Los investigadores documentaron que en el tramo del Macroperiférico comprendido entre las estaciones 5 de Mayo y San Juan de Ocotán, en el poniente, murieron pinos que existían antes de los trabajos, a consecuencia de la compactación del suelo provocada por el tránsito de maquinaria y materiales. 

En esos mismos camellones se plantaron después especies nativas, pero sobre material removido del propio sitio y sin aportación de composta terminada que facilitara su establecimiento. Un caso equivalente fue señalado sobre la avenida Juan Pablo II, antes Laureles, en el corredor de la Línea 3 del tren ligero, donde el arbolado colocado durante la obra ya presenta ejemplares muertos, enfermos o en conflicto con la propia infraestructura ferroviaria.

A ello se suman los daños subterráneos. La apertura de zanjas para introducir servicios secciona raíces que sostienen ejemplares de gran talla; cuando el suelo se satura durante las tormentas, esos árboles se inclinan o caen. Las podas practicadas para liberar el cableado eléctrico fueron descritas como otro detonante, al retirar follaje de un solo costado y desbalancear la copa, lo que altera la arquitectura del ejemplar y anticipa su colapso.

«Las obras se hacen como la que estoy mencionando, hasta cierto punto tal vez la empresa o empresas entregan, pero ya ahí queda. Y después, ¿quién se hace cargo? Bueno, en términos legales, la Constitución mandata que sean los municipios los que se encarguen del arbolado en las áreas urbanas», expresó Gerardo Alberto González Cueva, profesor investigador del Departamento de Producción Forestal

Los académicos advirtieron que la metrópoli carece de un censo actualizado que permita saber cuántos árboles están enfermos o representan riesgo, pese a que existe investigación técnica disponible desde hace años. Un estudio elaborado en 2018 con especialistas de la UNAM, mediante imágenes satelitales e hiperespectrales, estimó alrededor de 1.3 millones de ejemplares en la zona metropolitana y ubicó a una cuarta parte, de sería entre 338 mil y 650 mil ejemplares, que presentarían algún problema con algún problema fitosanitario o estructural derivado de la falta de manejo 

La salida propuesta desde los académicos es un plan de manejo integral que acompañe al árbol desde su producción en vivero hasta su sustitución, con selección de especies nativas acordes al espacio disponible y con seguimiento obligado de las obras públicas que intervienen áreas verdes.