Entre lluvias, plagas y falta de espacio: el arbolado de Guadalajara pierde más de mil ejemplares al año

Pablo Toledo/ El occidental

Más de mil árboles caen en la Zona Metropolitana de Guadalajara cada año; en una ciudad que lo que necesita es oxígeno, apenas hay uno por cada cuatro habitantes. Las causas: el temporal de lluvias y fuertes vientos, podas inadecuadas, falta de mantenimiento, raíces atrapadas bajo el concreto, al menos tres plagas que abundan en la ciudad y la falta de espacios óptimos para su crecimiento.

El Instituto de Planeación y Gestión del Desarrollo del Área Metropolitana de Guadalajara (IMEPLAN) asegura en su último censo que en ocho municipios que integran el área metropolitana hay un millón 379 mil 306 árboles de 277 especies, 190 géneros y 73 familias. Esto implica uno por cada 4 habitantes.

La distribución del arbolado en los municipios principales de la metrópoli se concentra de la siguiente manera:

  • Guadalajara: 462,400 árboles
  • Zapopan: 378,000 árboles
  • San Pedro Tlaquepaque: 109,800 árboles
  • Tlajomulco de Zúñiga: 89,500 árboles
  • Tonalá: 81,700 árboles
  • Otros municipios: 34,700 árboles

Sin embargo, el promedio de árboles que caen año por año es de más de mil. Solo en las primeras semanas del temporal en Guadalajara se vinieron abajo 97 de los 234 que acumula Guadalajara en este 2026.

Especialistas advierten que muchos de estos colapsos son consecuencia de problemas acumulados durante años: raíces atrapadas bajo el concreto, enfermedades, falta de mantenimiento, podas inadecuadas y una ciudad que ha reducido cada vez más los espacios disponibles para el crecimiento del arbolado. Sin embargo, esto puede ocurrir todo el año; es parte del estrés al que está sujeto el arbolado de la Zona Metropolitana de Guadalajara.

Un arbolado frágil

La ciudad de Guadalajara es quizás el ejemplo más claro de lo que ocurre en el resto de los municipios con su arbolado.

El año pasado perdió 500 árboles y hoy son 324, pero de ellos 29 cayeron en la primera lluvia. Posteriormente, las lluvias registradas entre el 31 de mayo y el 1 de junio provocaron entre 39 y 41 caídas adicionales. A ello se sumó la tormenta del 13 de junio, que ocasionó entre 81 y 86 árboles derribados en distintos municipios metropolitanos.

Los efectos continúan acumulándose. Sólo durante la segunda semana de junio, Guadalajara reportó la caída de 97 árboles. Aunque no todas las administraciones municipales difunden estadísticas periódicas, los reportes disponibles muestran que el arbolado continúa siendo una de las infraestructuras urbanas más vulnerables frente a los fenómenos meteorológicos extremos.

Para este año, los gobiernos metropolitanos apostaron por una estrategia preventiva basada en podas, diagnósticos fitosanitarios y derribos controlados. De acuerdo con información oficial, únicamente Zapopan y San Pedro Tlaquepaque reportan haber retirado de manera preventiva 981 árboles considerados enfermos, secos o con riesgo de colapso. La cifra es casi cuatro veces superior al número de ejemplares que han caído por efecto de las tormentas durante las primeras semanas del temporal.

Toda la ciudad pierde masa verde

En Zapopan, el presidente municipal Juan José Frangie ha señalado que uno de los objetivos es reducir significativamente los incidentes asociados al arbolado durante las lluvias. El municipio retiró cerca de 800 árboles que presentaban enfermedades o daños estructurales. Además, existen más de mil solicitudes de poda pendientes y entre mil 800 y dos mil ejemplares presentan algún nivel de deterioro que requiere seguimiento técnico. “Seguimos viendo mucho árbol que está enfermo y esperamos tener mucho menos cantidad de árboles caídos que el año pasado”, señaló el alcalde.

En San Pedro Tlaquepaque, entre enero y mayo se realizaron 3 mil 026 podas preventivas y 181 derribos de árboles secos o considerados peligrosos, además de mantener 223 reportes ciudadanos en proceso de atención. Guadalajara, por su parte, no entregó información actualizada sobre las acciones preventivas emprendidas para este temporal, pese a la solicitud realizada por este medio.

Para Miguel Magaña Virgen, jefe del Departamento de Ciencias Ambientales de la Universidad de Guadalajara, los árboles que colapsan durante las tormentas representan apenas la manifestación más visible de un problema mucho más profundo. El especialista sostiene que la vigilancia del arbolado debe realizarse de manera permanente y no únicamente cuando se aproxima la temporada de lluvias. “La prevención tiene que ser todo el año”, advierte.

Cuestión de fondo

Uno de los principales factores identificados por el académico es la transformación del entorno urbano. El crecimiento de la infraestructura, el aumento de las superficies pavimentadas y la reducción de áreas permeables limitan el desarrollo adecuado de las raíces. La situación se agrava cuando especies de gran tamaño permanecen durante décadas en banquetas estrechas o espacios insuficientes para sus necesidades biológicas, reduciendo su capacidad para resistir vientos intensos o suelos saturados de agua.

A este escenario se suman los efectos de las condiciones climáticas cada vez más extremas. Los árboles enfrentan largos periodos de sequía durante el estiaje, altas temperaturas e incendios. Cuando finalmente llegan las lluvias, muchos ejemplares arriban debilitados y deben soportar tormentas más intensas y concentradas que en años anteriores. Para especialistas, el cambio climático está modificando la forma en que se presentan estos fenómenos, aumentando la presión sobre un arbolado urbano que ya enfrenta múltiples factores de estrés.

Magaña también cuestiona algunas intervenciones destinadas a liberar la infraestructura eléctrica. Considera que ciertas podas alteran el equilibrio natural de los ejemplares y generan distribuciones desiguales del peso en ramas y copas, incrementando la posibilidad de desgajamientos o colapsos. A ello se suma la selección inadecuada de especies realizada durante décadas en distintos puntos de la ciudad, donde numerosos árboles fueron plantados en espacios incompatibles con sus dimensiones futuras.

Además de los riesgos para la movilidad y la infraestructura urbana, la caída de árboles suele generar dudas sobre la responsabilidad legal cuando se presentan daños materiales. En Zapopan, las autoridades distinguen entre ejemplares ubicados en espacios públicos y aquellos asociados a propiedades privadas. Cuando un árbol bajo responsabilidad municipal ocasiona daños, corresponde al Ayuntamiento asumir los costos que determine cada caso. En propiedades particulares, los dueños deben vigilar su estado, gestionar podas cuando sean necesarias y reportar oportunamente cualquier riesgo.

Con varias semanas de lluvias por delante, brigadas municipales continuarán realizando inspecciones, podas y derribos preventivos en distintos puntos de la metrópoli. Los registros acumulados muestran que cientos de árboles pueden colapsar durante una sola temporada. Sin embargo, especialistas advierten que la solución no se encuentra únicamente en reaccionar después de cada tormenta. El verdadero reto consiste en replantear la relación de la ciudad con sus árboles: darles espacio para crecer, mantenerlos sanos y reconocer que, en una metrópoli cada vez más caliente y pavimentada, el arbolado constituye una infraestructura tan estratégica para la calidad de vida como cualquier vialidad o sistema de servicios públicos.

Las otras plagas

Otro aspecto que afecta la sanidad de los árboles son las plagas, como la planta parásita del muérdago, el insecto mosca blanca y el hongo Ganoderma; este último afecta más a casuarinas, jacarandas, fresnos y eucaliptos.

José María Chávez Anaya, del Centro Universitario de Ciencias Biológicas y Agropecuarias (CUCBA) de la Universidad de Guadalajara (UdeG), ha cuestionado los procesos: “Por qué tanta información tienen sobre la sanidad y por qué no se han marcado los árboles para saber cuál está enfermo y de qué”. Dijo que no había habido un trabajo sistemático en la ciudad. Considera que el hongo del Ganoderma es el que más ha impactado en la caída de árboles.

Los árboles que debes evitar plantar en la ciudad son:

  • Ficus (Ficus benjamina): Sus raíces son extremadamente agresivas; levantan banquetas, rompen el pavimento y destruyen tuberías.
  • Eucalipto (Eucalyptus): Consume cantidades masivas de agua y sus raíces expansivas dañan cimientos y drenajes. Además, sus ramas pesadas suelen desgajarse con los vientos.
  • Casuarina (Casuarina equisetifolia): Sus raíces son muy agresivas y deterioran el suelo.
  • Álamo y Sauce Llorón: Son árboles que buscan agua de manera intensa, por lo que sus raíces superficiales y extensas penetran fácilmente en las redes de alcantarillado.
  • Palma Real / Falsa Palmera: Sus raíces deforman el pavimento y, al crecer,su mantenimiento se vuelve un riesgo peatonal.