El caso de Miguel Ángel López Rocha evidenció la gravedad de la contaminación en la cuenca

Pablo Toledo/ El Occidental

A 18 años de la muerte del niño Miguel Ángel López Rocha, ocurrida tras caer a las aguas contaminadas del Río Santiago, su nombre vuelve a resonar como símbolo de una deuda ambiental que sigue sin saldarse. Su caso no solo evidenció la gravedad de la contaminación en la cuenca, sino que marcó un parteaguas en la exigencia de justicia para las comunidades afectadas.

Desde entonces, han transcurrido casi dos décadas de señalamientos, diagnósticos y compromisos oficiales para rescatar el afluente. Sin embargo, colectivos ciudadanos sostienen que, pese a los anuncios reiterados sexenio tras sexenio, el cauce continúa registrando altos niveles de contaminación y riesgos para la salud de quienes habitan en sus márgenes.

Este día también se cumple el primer año de la estrategia gubernamental de remediación de la cuenca, presentada como un plan integral para atender uno de los pasivos ambientales más graves de Jalisco. A un año de su arranque, la pregunta central persiste: ¿cuáles son los avances reales y medibles más allá del discurso?

En rueda de prensa, colectivos ciudadanos y organizaciones ambientales reconocieron que se han dado algunos pasos institucionales, como la implementación de acciones de inspección y ciertos proyectos de infraestructura. No obstante, advirtieron que los resultados todavía son insuficientes frente a la magnitud del deterioro acumulado durante décadas.

Registran descargas irregulares en el río

Las agrupaciones señalaron que uno de los principales desafíos sigue siendo la vigilancia efectiva a industrias y descargas irregulares, así como la transparencia en la información sobre la calidad del agua. Subrayaron que sin datos públicos, actualizados y verificables, cualquier estrategia corre el riesgo de convertirse en un ejercicio de simulación.

Asimismo, insistieron en la necesidad de que las autoridades prioricen la salud de las comunidades ribereñas, muchas de las cuales han denunciado enfermedades asociadas a la exposición prolongada a contaminantes. Para los activistas, la remediación no puede limitarse a obras visibles, sino que debe traducirse en una mejora tangible en la calidad de vida.

En su posicionamiento, los colectivos también emitieron recomendaciones concretas: fortalecer la participación ciudadana en la toma de decisiones, establecer metas claras con plazos definidos y garantizar presupuesto suficiente para que el saneamiento no dependa de coyunturas políticas.

A 18 años de la tragedia que cobró la vida de Miguel Ángel López Rocha, su historia sigue siendo un recordatorio incómodo de lo que ocurre cuando la omisión se normaliza. Un año después de iniciada la nueva estrategia oficial, la exigencia social es clara: menos promesas y más resultados verificables en la recuperación del Río Santiago