Por: Héctor Escamilla meganoticias.mx Fecha: 03-02-2026

Durante años se señaló que la mala calidad del agua del Río Santiago es responsable de diversos problemas de salud entre las personas que habitan en su cuenca. Sin embargo, estudios recientes revelan que los daños no sólo se originan por el contacto con el agua contaminada, sino también por los gases que emanan de ella.

Investigadores y académicos de la Universidad de Guadalajara presentaron recientemente un estudio sobre los olores generados en la cuenca, en el que se advierte que sulfatos y otras sustancias presentes en el río pueden provocar efectos adversos en la salud, especialmente en las vías respiratorias.

El estudio Olores ofensivos en El Salto, Juanacatlán y Las Pintas, señala que el olor persistente se deriva de compuestos químicos volátiles y gases derivados de procesos industriales y de descomposición que pueden tener efectos adversos en la salud humana. Entre ellos destacan el sulfuro de hidrógeno, el amoníaco, los mercaptanos y diversos compuestos orgánicos, entre muchos otros.

Químicos peligrosos en el aire alrededor del Río Santiago

  • Sulfuro de hidrógeno (H?S)
  • Compuestos orgánicos volátiles (COVs)
  • Sulfuro de hidrógeno
  • Metil mercaptano
  • Dimetilsulfuro
  • Dimetil disulfuro
  • Amoníaco
  • Acetaldehídos

Fuente: Investigación académica

Para investigar estos gases se usaron herramientas como la cromatografía, espectrometría de masas y la olfatometría dinámica. Se detectaron concentraciones de sustancias que están relacionadas con irritación de ojos, nariz y garganta, dolores de cabeza, náuseas, dificultad para respirar, alteraciones del sueño y, en exposiciones prolongadas, riesgos más severos.

Efectos de los gases que emanan del Río Santiago

  • Irritación de ojos, nariz y garganta
  • Dolores de cabeza
  • Náuseas
  • Dificultad para respirar
  • Alteraciones del sueño
  • Riesgos severos de intoxicación en exposición elevada.

Fuente: Estudio de olores en la zona.

El estudio documenta que en análisis previos de la cuenca se han encontrado contaminantes en el agua hasta dos mil y cuatro mil veces por encima de límites para vida acuática, lo que favorece procesos de degradación anaerobia que generan gases tóxicos.

Uno de los hallazgos más relevantes es la identificación del sulfuro de hidrógeno a nivel respirable. Este gas, característico por su olor a «huevo podrido», resulta de procesos de descomposición de materia orgánica y de ciertas descargas industriales. Incluso en concentraciones relativamente bajas, puede provocar inflamación de las vías respiratorias, mareos y fatiga, mientras que exposiciones mayores pueden derivar en pérdida del conocimiento.

En las comunidades de El Salto, Juanacatlán y Las Pintas, la exposición a estos gases se normalizó con el paso del tiempo. Aunque la percepción inicial es olfativa, los efectos trascienden ese plano: se reportan dolores de cabeza recurrentes, irritación en garganta y ojos, tos persistente y sensación de ahogo.

La transformación del agua contaminada en una fuente de gases que se dispersan por el aire. Esto implica que la afectación no se limita a quienes tienen contacto directo con el río, sino que alcanza a poblaciones enteras que respiran el aire que circula desde esos puntos de emisión.

El análisis químico permitió identificar compuestos orgánicos volátiles en distintos puntos de muestreo. Estas sustancias, utilizadas comúnmente como solventes o intermediarios industriales, tienen la capacidad de evaporarse con facilidad y pasar al aire. Algunas de ellas, como el tolueno, el xileno o ciertos aldehídos, son reconocidas por su toxicidad y por su potencial para generar daños neurológicos y respiratorios tras exposiciones prolongadas.