Investigadores del CUCSH analizaron la influencia de la materia orgánica y de las arcillas en la estructura del suelo en este bosque urbano donde las lluvias propician un proceso erosivo, con el objetivo de implementar medidas de conservación
- Adrián Montiel González / gaceta.udg.mx
- enero 26, 2026
- Fotos: Edgar Campechano Espinoza I Luis Sandoval Barreto
Durante el estiaje, el Bosque del Centinela de Zapopan, uno de los principales pulmones de la ciudad, deja al descubierto el estado de salud de sus suelos. Problemáticas como la carencia de materia orgánica acumulada que debería reforzar la estabilidad, la pérdida de vegetación y, sobre todo, la aparición de zanjas o cárcavas que, año con año y a falta de acciones preventivas, van desnudando el terreno hasta la rocas del subsuelo por efecto de la lluvia.
Frente a esto, un equipo de investigadores del Departamento de Geografía y Ordenación Territorial, del Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades (CUCSH), realizó un estudio pionero encaminado a documentar las características del suelo de este parque urbano y determinar en cuáles etapas se encuentra el proceso erosivo.
“La influencia de la materia orgánica y de las arcillas en la estabilidad estructural del suelo en el Bosque del Centinela, municipio de Zapopan, Estado de Jalisco”, es un estudio liderado por el investigador Martín Vargas Inclán y publicado en la revista Estudios de la ciénega, que busca ofrecer una base técnica sólida para la gestión sustentable de esta área natural afectada por el proceso erosivo en un parque urbano.
Precisó que la idea fue estudiar el proceso de erosión, en el que la lluvia desempeña un papel protagónico. “Esto, a partir de las propiedades físicas del mismo suelo, porque consideramos fundamental analizar cuáles son las propiedades que estaban influyendo o influyen para que el propio suelo se mantenga y no pueda ser removido de una manera rápida o fácil por los efectos de la lluvia”.
“Estudiamos la estabilidad estructural del Bosque del Centinela con el propósito de conocer la capacidad del suelo, un recurso indispensable para la armonía de cualquier espacio”, explicó Vargas Inclán.
Un suelo en riesgo depende de la vegetación
En el estudio, que incluyó el análisis de muestras en distintas zonas del bosque, los investigadores compararon áreas con cobertura vegetal densa (pastizales, con la presencia de árboles nativos) y zonas sin vegetación, donde evaluaron propiedades clave como textura, contenido de materia orgánica y formación de agregados.
Guadalupe Quezada Chico, también investigador del CUCSH, realizó los perfiles de las muestras de los suelos para describir los componentes que les dan estabilidad y detectar dónde están ausentes.
“En las etapas de campo trabajamos tanto en la descripción del material, como en la textura del suelo, si es arena o limo; en determinar las proporciones y la cantidad de agentes estabilizantes, cuál arcilla y materia orgánica”, añadió.
Entre los hallazgos encontraron que las zonas sin vegetación presentan texturas arenosas, con baja materia orgánica, alta densidad aparente y falta de agregados orgánicos visibles; en cambio, en las zonas con vegetación moderada hay mayor agregación, estructura y estabilidad.
“La vegetación permite que el suelo se mantenga más estable, en el entorno donde nos encontramos, a diferencia, por ejemplo, de las depresiones o sitios por donde corre el agua de lluvia”, resaltó.
Vargas Inclán señaló los efectos de la erosión del agua en puntos donde, por años, ésta ha corrido arrastrando materiales y haciendo emerger las rocas. “Dado un proceso de erosión avanzado, aflora roca; eso nos indica que posiblemente se ha ido erosionando y removiendo, porque ahí encuentra la salida hacia una depresión, conocida como ‘La Laguna’. Esto muestra los efectos de la fuerza del agua en los suelos”, apuntó.
Debido a que se trata de la primera etapa de la investigación, Quezada Chico apuntó que falta determinar el estado de otras partes del bosque.
“Vamos a encontrar áreas donde la erosión es mayor, pero todavía no está cuantificado. En este caso, el hallazgo fue identificar la cantidad de componentes en áreas estables y áreas no estables”, y ahora falta comprobar si, pese a la cobertura vegetal, la lluvia arrastra o no el suelo en esos puntos. Guadalupe Quezada ChicoAcadémico del Dpto. de Geografía UdeG
Del análisis a la acción
Con base en estos hallazgos, los investigadores dieron recomendaciones puntuales respecto a la reforestación, el manejo de la erosión y la educación y la conciencia de la gente.
Para Vargas Inclán, el primer acierto fue darle categoría de parque urbano al Bosque del Centinela; sin embargo, el cuidado de todo el ecosistema es vital, con acciones como la reforestación estratégica de especies nativas.
“Se tiene que trabajar el manejo de suelo con especies locales, como el mezquite, pues los árboles exóticos, como casuarina o eucalipto, crecen rápido y desplazan a las plantas nativas”, explicó.
Para las zonas de uso público, recomendó el manejo sostenible de senderos, utilizando materiales permeables que permitan la infiltración del agua y reduzcan la escorrentía superficial.

Un modelo para otros parques urbanos
“Sabemos que el suelo, por naturaleza, es vulnerable, y la materia orgánica y la acidez estabilizan; ahí donde el suelo es más vulnerable podemos implementar medidas como senderos ecoturísticos con piedra filtrante que retenga el agua y la infiltre para que, al mismo tiempo, los suelos arenosos recarguen los acuíferos”, recomendó. Martín Vargas Inclán Académico del Dpto. de Geografía UdeG
Para Quezada Chico esta metodología es accesible, sencilla y podría replicarse en otros parques urbanos en aras de prevenir la erosión, con el complemento de protocolo de análisis no sólo físico, sino también químico.
“No profundizamos en analizar o explicar de manera más profunda el proceso de la erosión porque requiere otras metodologías, pero con el trabajo realizado tenemos evidencia suficiente para probar que si el suelo no se cuida, la actividad humana y la lluvia lo removerán”, denunció.
Esto implica la observación de los suelos encaminada a analizar la influencia de las arcillas y de la materia orgánica y así determinar el grado de estabilidad de la estructura o del suelo.
Vargas Inclán destacó que una de las tareas sustantivas de la universidad es preparar recursos humanos para entender, intervenir y organizar los recursos naturales en sus diferentes hábitats.
“La universidad debe seguir aportando estudios hacia una ciencia aplicada de lo aprendido en las aulas, y así aspirar a su rehabilitación. Y, sobre todo, seguir trabajando en áreas degradadas al describirlas, conservarlas y recuperarlas; acciones que sólo son posibles con la intervención de los ayuntamientos, del estado y el gobierno federal”, concluyó el especialista.
