
por Lauro Rodríguez/ntrguadalajara.com
15 de Abril de 2024, 12:39
(Foto: Cuartoscuro)
A través de un documento académico, José Juan Pablo Rojas Ramírez, investigador de la Universidad de Guadalajara (UdeG), concluyó que la sobreproducción de tequila está agravando el estrés hídrico de Jalisco.
El académico describió que durante los últimos años Jalisco vive un boom agavero que incluso, en 2023, provocó una caída en el precio de compra del agave para la producción tequilera. Esta sobreproducción tiene consecuencias ambientales también que van desde el daño al suelo agrícola y al microclima, hasta el estrés hídrico por la cantidad de agua necesaria en esta agroindustria.
Esto lo planteó en la investigación “El devenir hídrico e implicaciones socioambientales ante la agroindustria del tequila en Jalisco”, publicado en la edición de julio de 2023 de la revista Intersticios Sociales del Colegio de Jalisco.
“La producción de la bebida tiene un perfil comercial mucho más lucrativo en puntos geolocalizados reducidos para su producción, pero con graves impactos ambientales y de cambio de patrón de cultivo, ya que los residuos resultantes de la producción las vinazas tienen impactos ambientales tanto en agua y suelos, mientras sus procesos de saneamiento, sustracción de agua y recogida son complejos”.
Aunque el agave era visto como un cultivo de temporal, actualmente también se tienen sistemas de riego y para esto requieren de agua superficial o subterránea.
La estrategia utilizada por parte de los productores para evitarse, en muchas ocasiones, los trámites ante la Comisión Nacional del Agua (Conagua) para la explotación del agua es hacer un arrendamiento llamado 2 por 1: rentan una parcela que ya cuenta con la concesión por parte del ente federal.
“El asunto de la alta demanda de agua implicada en la producción conlleva otros gastos de agua, hay que implicar las cantidades en el riego del cultivo de agave, se estima que se requieren alrededor de 600 mil a un millón de litros de agua por hectárea de agave plantado durante su primer año de crecimiento”.
Aunado a esto “se estima que la producción de una botella de tequila requiere de 4 a 5 litros de agua por cada kilogramo de piña de agave (jima) dependiendo los métodos y tecnologías utilizadas en el proceso de destilación y disposición de residuos la cantidad de requerimiento se incrementa hasta a 10 o 15 litros de agua por 1 de tequila”, describió el investigador.
Hay corrupción
La producción de agave, pero en especial la de tequila tiene, además del estrés hídrico, otros impactos negativos en materia ambiental por los desechos que genera ya que son altamente contaminantes y, en muchas ocasiones, son enviados sin tratar a cuerpos de agua, explicó.
Esto lo pueden hacer los empresarios por una red de corrupción presente entre las autoridades de los tres niveles de gobierno. Ya que, entrevistas realizadas a los propios productores por el investigador, arrojaron que hay arreglos fuera de la legalidad para continuar con estas prácticas.
“Coinciden (los empresarios y productores) en la percepción sobre la gestión ambiental y disposiciones jurídico-normativas como una obstaculización, “ocurrencia para tener impuestos” y complejidad problemática ante el acatamiento de obligaciones de carácter ambiental; así mismo minimizan, el reporte de las Cédulas de Operación Ambiental anuales, llenan las solicitudes de Licencia Ambiental Única de manera laxa y nulifican las afectaciones ambientales devenidas de acciones clandestinas sobre los vertidos de vinaza en lagos, lagunas y presas”.
Añadió que los desechos de la producción “provocan daños severos en el ecosistema inmediato a ellos y dificultades logísticas y financieras en los gobiernos locales, más aún cuando se presentan obstáculos en detección de los sujetos generadores de la contaminación o aun siendo detectados estos recurren a los arreglos no institucionales para evadir las responsabilidades derivadas del evento, en el mejor de los casos, pero para nada óptimo, recurren a la compensación, es decir al pago de multas y recargos por los eventos de contaminación adjudicados, previa comprobación de la responsabilidad”.
