por Agustín del Castillo/ntrguadalajara.com

 29 de Junio de 2023, 06:00 –

PANORAMA. La zona en la que vive José Reyes y María de la Luz se distingue por los extremos climáticos y de marginación. (Foto: Jorge Alberto Mendoza)

En la colonia Agua Fría, en la zona de Las Mesas, al norte del Zapopan urbano, la escasez ocasionada por el agotamiento del agua en la represa Elías González Chávez o Calderón durante la primavera de 2021 se vivió como pesadilla. Don José Reyes Cervantes, habitante de la colonia, afirma que “fueron muchas semanas en que sufrimos porque no salía agua, porque los precios de las pipas estaban por los aires, hasta en 2 mil pesos”.

Parte de una zona marginada en lo que alguna vez fueron potreros de la comunidad indígena de Mezquitán, los moradores de Agua Fría están habituados a soportar los extremos, tanto del clima –los inviernos a veces son crudos en estas partes altas de la ciudad; las primaveras arden, y los veranos y otoños dan espacio a trombas y tormentas cuasi apocalípticas– como de la marginación y la precariedad social –tienen drenajes que demoraron décadas en introducirse, calles de tierra, basureros clandestinos, cementerios de humanos fragmentados o borrados de la historia entre los cantiles de la parte alta de Mesa Colorada por decisión soberana de algún gerente de la plaza–. Una condición que obliga a apelar a los recursos de la imaginación.

Unos metros abajo de la calle donde habita don José desde hace 30 años, hay un manantial. Los niños lo bautizaron como “Los Camachitos” (alusión a un famoso y entrañable balneario de los tapatíos que todavía opera en la Barranca, al norte). Para el caos generado por la escasez de 2021, fue la bendición. Las familias iban a bañarse, a lavar la ropa, a llenar cántaros, bidones, contenedores de decenas de litros. Los astutos –nunca faltan, es una oportunidad de negocio– ofrecieron llenado y acarreo a las casas a cambio de unos pesos. Las pipas privadas llenaban el vacío de las oficiales, que siempre son insuficientes. Por fortuna, el prodigioso ojo de agua nunca se agotó, pero a este vendedor de verduras le parece una experiencia que no desea volver a vivir.

Por eso, un año después, cuando acudió el alcalde Juan José Frangie Saade a ofrecer un novedoso programa llamado Nidos de Lluvia, el lugareño no se la pensó. Su mujer, María de la Luz Salas, asistió a las capacitaciones y después llegaron a poner una instalación que capta agua de lluvia de dos de sus azoteas, que conduce agua por un bajante y termina en un gran contenedor de plástico rodeado de filtros en la cochera de su casa, según lo explican, frente a dos testigos de calidad: el más famoso promotor de la captación de agua de lluvia en la ciudad, Arturo Gleason Espíndola, y su socia, Daniela Herrera González, directora administrativa de la Asociación Mexicana de Sistemas de Captación de Agua de Lluvia, AC (Amscall), invitados por NTR para opinar sobre el proyecto.

La familia que conforman José y María de la Luz tienen en la creatividad la solución a problemas puntuales. Por ejemplo, se animaron a invertir 2 mil pesos en una pipa durante el periodo seco de 2021 y pusieron una alberca de hule para guardar allí sus 10 mil litros. En el pasado ya habían enfrentado escasez por falta de infraestructura. Hace cuatro décadas vivían en El Mante, al sur de Zapopan, y habilitaban sistemas captadores rudimentarios cada que caían lluvias. Son pioneros de los nidos, sin saberlo.

Es hacer de la necesidad, virtud. La escasez funciona como catalizador de energías y organización. No pasa igual con todos. La señora Alejandrina, vecina de los Reyes Salas, también se sumó al programa, pero no en todas partes han tenido la misma devoción. “Allá arriba hubo también nidos, pero hay gente que en cuanto les dejaron sus instalaciones, las sacaron a vender”.

Gleason Espíndola considera aceptable la experiencia y la encuentra prometedora si se mantienen inversiones, si no se pierde el seguimiento y si mejora el compromiso de los beneficiarios.

Con los extremos secos que esta región vive últimamente, deberá haber muchas personas sensibilizadas. Literalmente, se trata de aclimatarse… o perder.

jl/I