
por Agustín del Castillo / ntrguadalajara.com
5 de Mayo de 2023, 06:00 –
EN LA METRÓPOLI. De enero a mayo se han quemado 5 mil 289 hectáreas forestales en los nueve municipios metropolitanos. El daño, tras 182 incendios. (Foto: Especial)
No es 2023 la temporada con más incendios forestales y más superficie quemada en Jalisco, pero el impacto que este fenómeno ha tenido sobre la salud ambiental del Área Metropolitana de Guadalajara (AMG) ha sido considerable. Según datos del Comité Estatal de Incendios, a la fecha van 429 incendios (incluidos los clasificados como “no forestales”) sobre 20 mil 159 hectáreas de la zona de influencia atmosférica, la cual podría definirse como un radio de 70 kilómetros en torno a la ciudad.
El reporte estadístico de incendios forestales de Jalisco, emitido por el comité y con corte al día de ayer, revela que entre enero y mayo se han quemado 5 mil 289 hectáreas forestales tras 182 incendios ocurridos en los nueve municipios metropolitanos, así como 2 mil 246.7 hectáreas no forestales en 121 incidentes (en su mayor parte, en parcelas agrícolas y terrenos ganaderos, pero también urbanos). El total es de 303 deflagraciones con 7 mil 537 hectáreas de donde se han emitido miles de toneladas de humo.
Pero la cuenca atmosférica de los valles metropolitanos capta emisiones que viene de mucho más allá de las fronteras de los nueve municipios. Tala, municipio de la región cañera y enclavado al otro lado del bosque La Primavera, ha impactado a la ciudad por sus métodos de zafra, que es una cosecha de caña con fuego, y por sus 37 incendios forestales que han causado efectos sobre 3 mil 304 hectáreas.
Tequila, municipio que hace frontera con Zapopan, también ha aportado 17 deflagraciones con una afectación en 2 mil 968 hectáreas.
Pero también se deben sumar las ingentes emisiones de humo que esta temporada llegaron de las sierras de Tapalpa y Quila, 70 kilómetros al sur de la ciudad. La primera contribuyó con incendios en Chiquilistlán, Atemajac de Brizuela y Tapalpa, cuya afectación asciende hasta ahora a 2 mil 485 hectáreas a partir de 56 siniestros, y la segunda suma 3 mil 866 hectáreas dañadas y 16 eventos de fuego en Tecolotlán y San Martín de Hidalgo.
LAS CAUSAS
Entrevistada al respecto, la especialista ambiental y ex titular de la Secretaría de Medio Ambiente y Desarrollo Territorial (Semadet) Magdalena Ruiz Mejía apuntó que “Jalisco es un estado donde se dan todas las actividades económicas”; sin embargo, reconoció que no se ha logrado el control en la gestión territorial, lo que lleva a que el fuego se maneja sin las restricciones y condicionantes obligadas en la Norma Oficial Mexicana NOM 015 Semarnat-Sagarpa, que es la vigente en el tema.
La experta señaló que el fuego agropecuario y los cambios de uso de suelo ilegales tienen que ver con más de 80 por ciento de las incidencias de fuego en los bosques. El manejo de fuego agropecuario suele darse sin la vigilancia de las autoridades locales, y sin tomar consideraciones técnicas que eviten que se salga de control.
En cuanto al cambio de uso de suelo, la presión económica para abrir huertas aguacateras, invernaderos, cultivos de agave y tierras para ganado es enorme, además de la expansión de centros de población. Ruiz Mejía subrayó la necesidad de que la ley no sea letra muerta en relación a cancelar cambios en cualquier predio boscoso quemado, como lo manda la Ley General Forestal vigente.
Recordó que en los tiempos de su gestión –fue titular de la Semadet en la administración pasada– “se determinó interponer denuncias de cada incendio para que hubiera un seguimiento puntual en las áreas penales” y se presionara a la autoridad federal de mantener el registro actualizado. A la fecha, añadió, no sólo se debe actuar e imponer vedas por 20 años cuando los eventos de fuego son intencionales; incluso en el caso de los incendios accidentales también debe haber cancelación de cambios de uso de suelo.
La estadística que maneja hoy el Comité Estatal de Incendios ha determinado clasificar de modo diferente las causas del fuego. De esta manera, 65 por ciento de los incendios son clasificados hoy como intencionales, pero no se permite conocer el contexto en que ocurre la deflagración. La intencionalidad es un agravante en una acusación penal y al clasificar los siniestros con esa causalidad se busca generar un ambiente de intimidación para quienes usan el fuego de manera irresponsable; el problema es que el fiscal acusador debe demostrar la conducta criminal, a riesgo de perder el caso.
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