por Agustín del Castillo/ntrguadalajara.com

 3 de Mayo de 2023, 06:00 –

DIARIO. La preocupación por La Primavera debe ser “de todos los días”. (Foto: Archivo NTR/MPN)

La sociedad tapatía necesita involucrarse con seriedad en los temas ambientales y, en particular, en la protección del bosque La Primavera, pues hoy no son suficientes los arrebatos de indignación tras cada incendio forestal, las cadenas de Twitter cuando las columnas de humo invaden la ciudad o las peticiones en change.org cuando se descubre una nueva casa construida en los linderos del bosque.

“Esto tendría esperanzas a futuro si hubiera ciudadanos dando luchas, pero luchas de verdad, no denuncias en Profepa, no activismo desde redes, en la computadora; no se trata de preocuparte solamente cuando el bosque se quema, sino todos los días”, advirtió la activista Tania Vázquez, el rostro visible de la lucha por la protección del cerro El Tajo, que hasta ahora ha mantenido a raya a los fraccionadores en uno de los puntos de La Primavera que no fue protegido por el decreto de 1980.

El decreto de la zona de recuperación ambiental, de enero de 2018 y emitido por el entonces gobernador Aristóteles Sandoval Díaz, es fruto de un trabajo conjunto en el que el poder político escuchó, entendió y tomó decisiones que se cristalizaron. Pero eso es posible sólo si se mantiene un trabajo propio que hace que la autoridad lo asuma.

Habitante de Los Gavilanes, en el corredor de López Mateos, Vázquez recordó que durante ocho años los vecinos le han dedicado tiempo y dinero a El Tajo, pero admitió que en México la sociedad civil no suele tener esas posibilidades.

“Toda nuestra acción legal fue posible porque siempre contamos con un pequeño presupuesto que permitió hacer lo más difícil (…) El tema económico siempre va a ser un tema difícil para quien quiera emprender una lucha, pero hay que entender que debe haber esfuerzo verdadero más allá de la queja”, explicó.

En este caso hay, además, un elemento de autocrítica. El movimiento para salvar a El Tajo de nuevos fraccionamientos está integrado por habitantes que llegaron a vivir al bosque: “Tarde, pero entendimos, independientemente de la zona en que se asiente nuestro fraccionamiento (…) de saber que (forman parte de) una situación que no debió haber sido; desafortunadamente ya están allí, ya dañaron, pero precisamente por eso debemos pensar en qué medida compensamos ese daño y los beneficios que nos da vivir en el bosque”.

A partir de ese sentimiento es cuando inició “la oposición de oponernos a un fraccionamiento más en la parte alta de la montaña; cuando entendemos que algo andas haciendo mal y que no se debe replicar, independientemente de que no era zona protegida”.

Santa Anita Hills o Bosque Alto, de la familia Gómez Vázquez Aldana, fue el punto de inicio: los vecinos hicieron acciones de transparencia para encontrar las anomalías a las autorizaciones que se venían sucediendo desde el año 2000; 34 en total para los permisos municipales y una muy acusada en la autorización de cambio de uso de suelo de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat).

Con esa base la lucha legal llevó a detener el fraccionamiento. Pero luego un oportuno dictamen del Instituto de Planeación y Gestión del Desarrollo del Área Metropolitana de Guadalajara (Imeplan) sobre el riesgo fue el eje que llevó al gobierno estatal a proteger todo el polígono, de poco más de mil 600 hectáreas. Desde entonces las acciones legales están asediadas, pero una fuerza ciudadana activa da frente a los intereses económicos e incentiva al gobierno a no bajar la guardia.

Tania Vázquez sabe la verdad de esa premisa del ecologismo que señala: “Todos los triunfos son provisionales”. Es el precio a “la eterna vigilancia”.

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